Los ladrillos no caducan — pero el fideicomiso que los respalda sí tiene una vigencia definida. En México, la ley establece que ningún fideicomiso puede tener una duración mayor a 50 años. Puedes consultar la vigencia específica de cada propiedad en su ficha técnica dentro de la plataforma.
Dicho esto, 50 años es un horizonte considerablemente largo — y cuando ese momento llegue, el camino está trazado con claridad.
Las opciones al término del fideicomiso
Llegado el momento, el comité técnico del fideicomiso evaluará las circunstancias y elegirá la alternativa más conveniente para los inversionistas. Las opciones, en orden de preferencia, son:
1. Ampliar el plazo del fideicomiso
Si la legislación vigente lo permite, el fideicomiso se extiende por un período adicional de hasta 50 años. La inversión continúa operando en los mismos términos — sin interrupciones, sin trámites por parte del inversionista.
2. Venta del inmueble
La propiedad se pone a la venta a precio de mercado y el monto obtenido se distribuye proporcionalmente entre todos los tenedores de ladrillos. Una salida ordenada que preserva el valor acumulado del activo.
3. Canje a valor nominal
Si así lo decide, el tenedor puede canjear sus ladrillos a valor nominal — una alternativa de liquidez directa para quienes prefieran esa ruta en ese momento.
4. Reversión de la propiedad
En caso de que ninguna de las opciones anteriores sea viable, el fideicomiso concluye y la propiedad se revierte directamente a los tenedores de los ladrillos. Cada inversionista recibe una parte proporcional de la propiedad física — es decir, se convierte en copropietario real del inmueble.
La respuesta corta es que no hay nada de qué preocuparse. El modelo está diseñado para que, sin importar cuándo o cómo termine el fideicomiso, tu inversión tenga una salida ordenada y justa.